En los páramos se genera mucha del
agua para riego, agua potable y energía eléctrica
de los países, lo que le confiere a este ecosistema una
importancia invaluable para el funcionamiento de las grandes
metrópolis. Los habitantes dependen de lo que el páramo
les ofrece y, paradójicamente al vivir en uno de los ecosistemas
más estratégicos y ricos tienen ingresos económicos
muy bajos. El páramo con sus suelos y vegetación
especiales guarda y surte de agua limpia y constante a las tierras
bajas donde sirve para que la gente de los campos y las ciudades
viva. Ejemplos palpables de esto son ciudades como Bogotá (8
millones de habitantes aprox.), Quito (2 millones) y algunas
de menor tamaño como Cali (1.8 millones), Cuenca (0.4
millones) y Mérida (0.8 millones) y así la demanda
sigue aumentando a medida que se expanden las urbanizaciones.
A nivel biológico lo hace único
la
presencia de vegetación endémica en agrupaciones de rosetas gigantes
caulescentes (con tallo), arbustos y pajonales (Sarmiento et al
2001) al igual que el desarrollo de bosques montañosos de Polylepis
spp. clasificados como lugares de alta importancia para su
conservación (hotspot) en los Andes (Fjeldsa et al, 1996).
Esta biodiversidad se complementa con el
atractivo especial que tienen los cultivos tradicionales de las
comunidades humanas que han habitado los páramos durante
siglos, lo que obedece a una composición social igualmente
diversa.
Entre grupos campesinos e indígenas de las regiones
altas de los Andes fue común el cultivo de especies típicas de tubérculos. Además
de las papas, hay mashuas, ocas y mellocos, cultivos mucho más
restringidos pero muy importantes dentro de la producción
y la cultura locales. Se debe tener en cuenta la existencia de
esta actividad económica para establecer conjuntamente alternativas
que permitan conservar la ecología natural del páramo y a la vez
mejoren la calidad de vida de las poblaciones, que es el objetivo
principal de un desarrollo sostenible.
Hay además
una serie de otros productos del páramo
como frutas (p.e. mortiño, uvas de páramo, etc) y ciertas
fibras o maderas que están ya siendo utilizadas para programas
locales de artesanías,
así como otras plantas para medicina, ritos, alimentación,
construcción, etc.
El páramo funciona como corredor biológico para muchos
de sus más importantes habitantes. El maravilloso oso
andino o de anteojos (Tremarctos ornatus) recorre el
corredor de páramos
y los bosques de niebla asociados desde la Cordillera de Mérida
en Venezuela hacia Perú en el sur. El cóndor (Vultur
gryphus) quien puede fácilmente volar 150 km/día, lo
hace sobre zonas de páramo y tierras de cultivo no interrumpidas
por áreas urbanas. El puma (Felis concolor) se mueve
también
a través de un mosaico de páramo y bosque. Muchas de
las aves del páramo son dependientes de las “islas” remanentes
de Polylepis que les proveen de alimento y refugio a lo largo de
los altos Andes. El símbolo de la flora del páramo Espeletia
spp. es
uno de los mejores ejemplos de diversificación y adaptación
a un nuevo ambiente.
Es notable que la mitad de las plantas que
se encuentran en los páramos no se encuentran en otros sitios del planeta, lo que
le confiere a los páramos una originalidad especial. Muchas
de las plantas y animales más representativos de los países
andinos son propios de los páramos: chuquiraguas (Chuquiraga
jussieu) en Ecuador, quishuares o coloraditos (Polylepis
spp.), cóndores,
osos, venados en Ecuador, Colombia y Venezuela, curiquingues, lobos,
gavilanes y muchos más.
El páramo también sirve como una fuente de germoplasma
silvestre de papa cultivada (Solanum spp.) y oxalis, comunmente
llamada oca (Oxalis
tuberosa).
Un análisis del banco de datos de germoplasma del Centro Internacional
de la Papa (CIP) indica que el 45% de las especies silvestres de
Solanum (más de 5200) y 30% de las especies de Oxalis (más
de 400) fueron colectadas sobre los 3500 msnm donde estos pastizales
montanos prevalecen.