Cuenca, Ecuador. 17 de noviembre de 2011. Un estudio de la Dirección Provincial del Ministerio del Ambiente en Azuay muestra un problema de contaminación en las inmediaciones de la zona de Quimsacocha.
16 543 de las 29 800 hectáreas del Área de Bosque de Vegetación Protectora Yanuncay-Irquis están afectadas. La ampliación de la frontera agrícola y el encauzamiento de lagunas naturales son los principales problemas.
Las zonas pobladas más cercanas son las parroquias Victoria del Portete y Tarqui (Cuenca), Chumblín (San Fernando) y San Gerardo (Girón).
En la zona de influencia está el proyecto Quimsacocha, que el Régimen determinó como estratégico para la minería a gran escala. Las parroquias se dedican a la ganadería y agricultura. Y un grupo de campesinos se opone, desde hace ocho años, a la minera Iamgold, que tiene labores de exploración en 8 800 hectáreas.
Según Gustavo Morejón, ex director del Ministerio de Azuay, la afectación es grave. “Se debe a la destrucción del páramo para extender la frontera agrícola, abrir caminos, construir viviendas, encauzar lagunas, piscícolas…”.
El actual titular, José Torrachi, dice que hay un proceso judicial contra siete propietarios de terrenos de la zona Totoracocha, Shu shun-Yanasacha y La Comuna, donde está la mayor afectación.
Además, los estudios técnicos trimestrales de la minera Iamgold revelan que la parte baja de los ríos está contaminada con coliformes fecales del ganado.
Para Carlos Pérez, presidente de la Federación de Organizaciones Campesinas del Azuay, ese estudio no tiene credibilidad. “Es elaborado por Iamgold, que busca justificar el gran impacto ambiental (agua y suelo) que traerá la minería a gran escala”.
Según Pérez, para la producción de los minerales (oro, plata y cobre), Iamgold utilizará cianuro, plomo, mercurio… y esos químicos son mortales para la salud de la población. “Esos químicos y los aceites de la maquinaria regados por el suelo contaminarán los colchones acuíferos que drenan a las quebradas y ríos”.
Pérez admite que en la parte alta hay intervenciones que están afectando a la reserva. Pero asegura que son generadas por los nuevos hacendados. “Los denunciamos al Ministerio (Ambiente) hace tres años y no hay sanciones”.
La reserva también alimenta a más de 35 sistemas de agua potable y riego que existen en la zona. Los pequeños ganaderos como Leopoldo Illescas, de 82 años, creen que la minería contaminará las aguas, destruirá el páramo y se secarán lagunas.
En la parte baja los campesinos utilizan ese líquido para regar los cultivos (papa, maíz, hortalizas…), pastos y beben los animales. Hay cálculos que de la zona de influencia directa se ordeñan 250 000 litros de leche al día.
María Guamán, de la comunidad de Tutupali (parroquia Tarqui), señala que utilizan el líquido vital para las actividades agrícolas. Ella tiene cuatro vacas y cuatro terneros. Sus vacas le dan 30 litros de leche diarios que vende a empleados de una empresa de lácteos, que recorren este sector.
“Sería grave quedarme sin mi único ingreso”, señala esta campesina azuaya, mientras cuidaba a los animales en su propiedad.
Para Renato Ayala, experto de la Fundación Ecológica Mailas (Azuay), las actividades agrícolas y ganaderas son nocivas porque implican deforestación. “Pero la minería es más agresiva porque degrada aún más el suelo, contamina las aguas con químicos y el aire por la emisión de gases”.




