El género Espeletia comprende cerca de 130 especies endémicas del norte de los Andes tropicales, extendiéndose desde la aislada Sierra Nevada de Santa Marta en el norte de Colombia y la Cordillera de la Sierra Nevada en Venezuela hasta el norte de Ecuador. Sus semillas son dispersadas por el viento, pero debido a que carecen de alas o pelos que faciliten su movimiento el proceso de colonización de las poblaciones ha sido lento y se debe mover a través de extensiones intactas de páramo.

Son las poblaciones vegetales más sobresalientes en los páramos de Venezuela, Colombia y el norte de Ecuador, aunque no las únicas pero sí se destacan por las majestuosas adaptaciones que han ido adquiriendo con el tiempo. Al vivir en condiciones climáticas bastante extremas, de cambios diurnos constantes y bajas temperaturas en las noches, sus hojas se han cubierto de una capa de vellosidades que las aísla del viento y así del exceso de evapotranspiración lo cual se convertiría en un problema ya que a pesar de que los páramos son las fuentes primeras del recurso hídrico, el congelamiento que sufre el agua por las bajas temperaturas hace difícil la absorción por parte de las plantas. Asimismo estos “frailes de las montañas” cuidan sus tejidos internos y el agua que allí se almacena con una “ruana” o “terno” permanente formada por las hojas que poco a poco se van secando y permanecen en el tallo (hojas marcescentes). No todas las mantienen, pero sí la mayoría y esto generalmente aparece en las plantas que habitan a mayores alturas.

Estas poblaciones sufren un grave peligro en la actualidad cuando los páramos son quemados y arados extensivamente y sin control. Son plantas que crecen muy despacio (aproximadamente 2.5 cm por año –esta cifra varía según la especie, pero este es el promedio-) y cuando se queman las áreas donde habitan mueren principalmente los adultos -quienes son los sexualmente activos- y los juveniles. Éstos últimos a veces alcanzan a salvarse de las llamas que pasan muy rápido, pero no sobreviven al pisoteo de las pezuñas del ganado.
Sus flores son visitadas por abejorros, colibríes y en el interior de las rosetas se da el ambiente propicio para el apareamiento de unos escarabajos de vistosos colores. Hasta ahora dentro de este orden coleóptera se ha reportado al gorgojo (Exorides lindigi) como un predador del material leñoso y la materia seca o necromasa de los frailejones. También se ha encontrado en recientes estudios (Universidad Nacional de Colombia) que los disturbios antrópicos por fuego y pastoreo favorecen el crecimiento de las poblaciones de gorgojos herbívoros de los cuales se alimenta un mamífero omnívoro del páramo afectando la sobrevivencia de las poblaciones de Espeletia.