Los páramos colombianos podrían desaparecer como consecuencia del cambio climático

Los páramos son cruciales para la regulación hídrica en Colombia y la región esta tarea, pero ahora, además de estar amenazados por actividades extensivas como la ganadería, la agricultura y la minería, se suma a este escenario la amenaza global del cambio climático, sobre el apenas comienzan a estudiarse sus efectos y medidas de mitigación y adaptación en estos ecosistemas. El Mecanismo de Información de Páramos reproduce para sus usuarios una interesante nota sobre la amenaza de este fenómeno en las montañas de Colombia, escrito por el Centro Interactivo Maloka y el portal de la Agencia de Noticias para la Difusión de la Ciencia y la Tecnología (DiCYT).

Por Maloka y DiCYT

Los páramos cobran importancia para su conservación, no solo por su gran papel como reguladores hídricos, sino también por su función como reservorios de carbono, que de ser degradados, serían una fuente potencialmente peligrosa de emisión de CO2 a la atmósfera. Colombia solo aporta el 0’3 por ciento del total de emisiones de Gases Efecto Invernadero (GEI) a nivel mundial. Pese a ello, es un país altamente vulnerable a nivel ambiental, económico y social, a las perturbaciones del sistema climático global.

Entre los impactos en el territorio colombiano se prevé la desaparición de los seis nevados existentes: Ruiz, Santa Isabel, Tolima, Huila, Sierra Nevada de El Cocuy y Sierra Nevada de Santa Marta; ya que, desde las últimas décadas, presentan un derretimiento constante y muy marcado. También se verá afectado el 75% de los páramos; ecosistemas considerados muy frágiles y uno de los más vulnerables a los efectos del cambio climático; los daños causados serían irreversibles.

Páramos, grandes reguladores hídricos

Se encuentran en zonas de alta montaña de la cordillera de los Andes. En el mundo, su mayor extensión se halla en Colombia; además, solo es posible encontrarlos en países como: Ecuador, Venezuela y Costa Rica. Su vegetación y suelos almacenan grandes cantidades de agua proveniente de la precipitación vertical y horizontal incidente. Esto permite que en verano, el agua almacenada sea aportada gradualmente, por escurrimiento, al caudal de los drenajes que allí nacen. Ciudades como Bogotá, Medellín y Cali no presentan problemas de abastecimiento de agua en época secas, ya que toman el agua directamente de estos ecosistemas o de los ríos o quebradas que nacen de ellos, cuyo flujo de agua permanece en el transcurso del año.

¿Qué está ocurriendo?

La disminución de estos ecosistemas en el territorio nacional, está dada, principalmente, por la introducción a gran escala de ganado y el establecimiento de cultivos de papa o amapola. Esto genera pérdidas de materia orgánica, estructura de los suelos, retención de agua, y alteración de ciclos biogeoquímicos. Por otro lado, el aumento de la temperatura asociada al cambio climático global, afecta a las especies de fauna y flora que ya están adaptadas a las condiciones de temperatura y humedad particulares que ofrece el páramo.

Con el tiempo, todo el ecosistema tendrá una migración vertical, buscando las condiciones necesarias para adaptarse y sobrevivir. Con esto, una disminución de la diversidad biológica será inminente, pues la adaptación de las especies al cambio climático dependerá no sólo de su variabilidad genética, sino de su capacidad de migración y dispersión hacia sitios más altos de la montaña.

El 88% de los páramos colombianos no se encuentran dentro de las áreas protegidas del sistema de Parques Nacionales. No se cuenta con una normatividad vinculante que los proteja; un ejemplo de ello son las licencias ambientales que se otorgan para explotaciones mineras en estos ecosistemas. Sin normas claras y con el marcado debilitamiento institucional, no es posible, en la actualidad, crear un mecanismo de incentivos para conservar los páramos.

Por esto, es necesaria una normatividad internacional, asociada a la mitigación del cambio climático, a la que el gobierno colombiano se deba acoger, pues las acciones del país para evitar la destrucción de estos ecosistemas de alta montaña, hasta el momento, no han sido significativas.

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