El oso andino: un gigante que camina en los páramos


El Mecanismo de Información de Páramos (MIP) estrena su Especial de Biodiversidad Paramera  con el único oso de Sudamérica. Aunque el oso andino no es exclusivo de los páramos, si es emblemático de su biodiversidad.
 
Cuenta el mito que antes de la Conquista los Incas tenían un fuerte en la zona de Samaipata (Bolivia), como parte de su estrategia para frenar los ataques de los pueblos guaraníes aledaños. Jucumari, una criatura fuerte y poderosa de los bosques andinos, alertaba a los Incas con gritos y aullidos cuando el enemigo se acercaba. Años después, algunos exploradores empezaron a buscarlo, pero lo único que encontraron fue a un oso, al que le atribuyeron el origen del mito y por ello lo llamaron con el mismo nombre.
 
Hoy, Jucumari o Ucumarí (en lengua quechua), es conocido también como oso andino o de los Andes, oso de anteojos u oso frontino, y en los ambientes científicos se le denomina Tremarctos ornatus.
 
Desde Venezuela, atravesando Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y hasta el noreste de Argentina, el oso de anteojos se pasea por la cordillera de los Andes. De pelaje negro y abundante, este oso tiene una línea blanca irregular que parte de la base de la nariz y se extiende a lo largo de uno o los dos ojos hacia la quijada, llegando a veces al pecho. Precisamente, esta línea blanca forma un patrón único en cada individuo y es el origen del nombre “oso de anteojos”. No obstante, algunos ejemplares no las tienen.
 
El oso andino, mamífero y perteneciente a la familia de los úrsidos, es un animal solitario y camina en sus cuatro patas, pero por ser “plantígrado” –es decir, que apoya completamente la planta del pie al andar- es capaz de levantarse en sus patas posteriores. Se trata entonces de la especie más grande de los ecosistemas altoandinos. En estado silvestre, un macho adulto erguido puede alcanzar hasta 1.80 m y pesar cerca de 200 k.
 
A pesar de esa apariencia de gigante poderoso, hoy está amenazado por la pérdida de sus ecosistemas, en especial por la expansión de la frontera agrícola. Además, su baja heterocigosidad lo hace una especie más vulnerable. “Esta medida de la diversidad genética, cuando es baja en una población, significa que los individuos empiezan a tener genes muy similares unos a otros ; por tanto, presentan un alto riesgo a la extinción en caso de algún cambio grande en su ambiente o, por ejemplo, recibir el ataque de una enfermedad”, afirma Lucas Achig, coordinador del Programa de Investigación y Monitoreo de la Fundación Cordillera Tropical (FCT). Desde 2002, la FCT ha desarrollado el Programa “Don Oso” que integra educación ambiental comunitaria con investigación científica para la conservación de esta especie en el Parque Nacional Sangay (Ecuador).
 
Conservar el oso andino es conservar los bosques y páramos
Según un estudio de Diego Tirira, autor y editor de varias publicaciones sobre mamíferos del Ecuador y Suramérica, el oso andino ocupa una variedad de ambientes (250- 4750 m). En Ecuador habita en páramos y bosques subtropicales y templados entre los 1000 y 4300 m, aunque existen algunos registros a altitudes menores en las estribaciones orientales del país.
 
Aunque es omnívoro (come “de todo”), el oso recorre largas distancias en busca de su alimento favorito: fibras vegetales de plantas como las bromelias terrestres y epífitas, los suros, las palmas y varios frutos que maduran estacionalmente como los higos, aguacatillos y ericáceas. Si bien los osos están estrechamente vinculados a los bosques, el páramo también es un ecosistema que atraviesan para desplazarse y alimentarse, especialmente de bromelias terrestres, que son parte de su dieta.
 
En un estudio realizado por Isaac Goldstein y Leonardo Salas, se determinó que el consumo (también llamado “factor de explotación”) de piñuelas (Puya sp.) en un páramo de Venezuelapor parte del oso andino se dio con base en su abundancia, hasta un umbral en el cual los sitios de alimentación presentaban una igual proporción de bromelias que en su ambiente circundante. Es decir, su consumo de recursos responde más a la disponibilidad y los ciclos de las plantas, demostrando así un “uso sostenible” del hábitat y recursos de su parte.
 
“A pesar de su importancia y las amenazas que enfrenta, hasta ahora sólo se ha realizado un proyecto de monitoreo de individuos de osos a través de radiocollares. Dicho estudio estimó un ámbito hogareño para osos machos de 59,08 km2 y de 14,77 km2 para las hembras en una zona de Ecuador”, agregó Achig. “Su hábitat encierra tal amplitud de factores y características ambientales, que conservar al oso andino es clave para proteger los bosques y páramos; estos ecosistemas son muy biodiversos, y regulan y protegen las fuentes de agua para poblaciones humanas”.
 
Cada especie representa un hilo de la “manta ecosistémica”. Por ello, al estudiar y conservar especies como el oso andino, se puede monitorear y conocer el estado de salud del “tejido vital” que habita y para el cual cumple unas funciones; son esos roles los que matienen el equilibrio ecosistémico.
 
Con una importante misión
Precisamente, el oso andino cumple importantes funciones –o “roles ecológicos”- dentro del delicado equilibrio de los ecosistemas altoandinos donde se mueve. Contribuye en la formación de senderos estables al filo de la cordillera y derriba algunos árboles para alimentarse, lo que repercute en la estructura de los bosques, al intervenir, entre otros procesos, en la la generación de nueva vegetación y en otros ciclos vitales del ecosistema.
 
Otros estudios concluyen que el oso andino clarea y permite una mejor penetración de la luz solar en los bosques al quebrar las ramas de árboles altos (dosel) para alimento; sin duda, esto facilita aún más el proceso de fotosíntesis (o respiración vegetal) y, fundamental para el mantenimiento de la vida misma del bosque). Así mismo, según un estudio de Armando Castellanos, es un modificador del microclima de los estratos inferiores del bosque que estimula el crecimiento de las especies de estos estratos.
 
Pero hay más. En los bosques y páramos, los osos andinos son importantes dispersores de semillas, debido a que varios frutos y plantas son parte fundamental de su dieta. En un estudio realizado por Catalina Rivadeneira (Bolivia, 2000) se menciona que el oso andino es “dispersor legítimo” de algunas semillas, especialmente aquellas lisas y duras, resistentes a su digestión, como las Gaultheria vaccinioides.
 
La gente y la conservación del oso andino
A pesar de que Lucas Achig, coordinador del Programa de Investigación y Monitoreo de la Fundación Cordillera Tropical (Ecuador), jamás ha visto un oso andino en estado silvestre, su apuesta por la conservación de esta especie no es a una mera responsabilidad más del trabajo. Para él es asunto de una pasión por la vida y por la búsqueda de un mayor equilibrio entre los ecosistemas y las personas que los habitan.
 
Su experiencia en campo le ha permitido darse cuenta que la conservación del oso andino no es sólo un trabajo de los científicos, sino que es un proceso en el que las comunidades también juegan un papel fundamental. “La gente que convive con los osos conocen muy bien la ecología de la especie, de qué se alimentan, dónde duermen e incluso, algunos han perdido ganado por acciones del oso; además, los perciben como “casi humanos”, porque para ellas sus manos y patas son como las de nosotros. Tienen pelo, tiene vísceras muy parecidas y hasta pueden caminar en dos patas”, dijo Achig.
 
Existen conflictos entre humanos y osos, pues estos úrsidos eventualmente se alimentan de maíz y de ganado bovino y vacuno. Tal es el caso de la comunidad de San Carlos de Colepato, (en la provincia del Cañar), donde Achig realizó una exploración sobre la perspectiva comunitaria frente al conflicto generado por ataques del oso a ganado vacuno. “Si bien, las personas de esta comunidad manifiestan tener miedo de encontrárselo cara a cara, -porque lo consideran un animal muy poderoso y, a la vez, muy salvaje-, nadie jamás lo ha atacado y, más bien, los encuentros sostenidos han hecho que el oso huya rápidamente de los humanos”, continuó Achig.  
 
En otras zonas andinas, los osos son cazados por su carne y  para hacer medicinas y rituales. No es extraño entonces que en, 2008, la UICN afirmara que de continuar el ritmo de cacería y de pérdida de ecosistemas actuales, esta especie se extinguirá en los próximos treinta años.
 
Es por esto que Jucumari, el último de los gigantes que camina en los bosques y páramos andinos, corre el peligro de desaparecer para volver a ser sólo un mito. Hoy, esta criatura fuerte y poderosa que recorre los Andes desde hace más de dos millones de años, se ha convertido en una especie emblemática de la lucha por la supervivencia
 
Para mayor información, consulte los siguientes recursos en el MIP e InfoAndina:
 
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